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Dígalo con mímica: presentaciones orales eficaces.
Por Pablo J. Cipolla

No sólo debemos tomar conciencia de la importancia de una exposición oral efectiva cuando estemos por enfrentar a un gran auditorio. En el quehacer laboral cotidiano, estamos constantemente presentando ideas, opiniones o informes, y siempre es necesario hacerlo de la mejor manera para que se cumpla nuestro propósito.

Cualquier presentación oral tiene, en la circunstancia en que se produzca, al menos uno de los siguientes objetivos: informar, entretener, apelar a las emociones o impulsar la acción de quien nos está escuchando.

El error más común consiste en centrar el empeño de la exposición en el contenido, y desatender la manera adecuada de expresarlo, el objetivo perseguido, el ámbito en el que nos encontramos, los receptores de nuestro mensaje, etc.

De esta manera, lo que debía ser un simple informe se convierte en un discurso que nadie entiende, o lo que es peor, que nadie atiende; o decimos -en medio de cuestiones menores- un logro importante o una falencia que requiere urgente dedicación.

Según Peter Urs Bender, “el contenido de tu presentación es importante. Pero lo que hace la diferencia no sólo es lo que dices; cómo lo presentas es lo que determina si tu mensaje penetrará y cómo”.

Lo que decimos sin palabras

Por otro lado, debemos recordar siempre que no sólo “decimos” a través de las palabras que vertemos ante un auditorio. Quienes nos escuchan cara a cara también están observando nuestros gestos, nuestras muecas y ademanes, la postura corporal que adquirimos, el tono o color de la voz y otra serie de aspectos de consideración. “En las presentaciones, –agrega Urs Bender– uno es juzgado no por quien es, sino por quien parece ser”.

Con respecto al metamensaje que consciente o inconscientemente enviamos al hablar, debemos tener en cuenta que una misma frase no significará lo mismo dicha por distintas personas, ni por la misma persona pero en diferentes ámbitos. Por eso, es necesario considerar el llamado “registro” con el que nos expresamos, puesto que el lenguaje coloquial no puede ser parte de una presentación formal, así como sonará exótico un trato excesivamente formal entre pares o personas con confianza mutua.

Para Lorenzo Gomis, existen cuatro dificultades sobre las que debemos reflexionar antes de preparar una exposición oral –cualquiera sea ésta–, y el autor las presenta en forma de preguntas: primero, “¿qué queremos decir?”; después, “¿cómo decirlo?”; luego, “¿se va entendiendo a medida que se escucha?”; y finalmente, “¿digo lo que quiero decir?”.

También el manejo de los niveles de significación debe ser atendido. Si, por ejemplo, un jefe le dice a un subalterno: “Qué buen corte de pelo que le hicieron”, esa frase dependerá de los gestos que la acompañen, del tono de la voz y de la relación que ya exista entre ambos, para ser comprendida totalmente. Puede constituir un simple elogio tanto como una ironía –en un segundo nivel de significación–, denotando en realidad una crítica negativa.

Los materiales de apoyo

Aunque existen muchos más aspectos de importancia, haremos mención por último al uso de materiales de apoyo para presentaciones formales. Muchas personas retraídas o tímidas tienden a utilizar una pizarra o el monitor de su PC como verdaderos escudos tras los cuales se refugian durante su exposición, desvirtuando la ayuda de estos elementos y dejando una sensación en el auditorio de que el tema no estuvo bien estudiado.

Otro error con estas herramientas comunicacionales es el fijar la vista y hasta la postura corporal en dirección a ellas, dando virtualmente la espalda al público, lo que se complica aún más cuando no se cuenta con micrófono y se pierde la claridad de las palabras. El público siente que el orador “habla para él” y pierde rápidamente el interés y la atención. Los materiales visuales deben ser un aliado, no un estorbo.

Por eso, lo recomendable antes de plantear oralmente un “discurso” –en el sentido amplio del término– es tener en claro tanto el contenido como el modo de presentarlo, el lenguaje corporal, el apoyo de materiales visuales, las características del ambiente y las expectativas del auditorio.

Pablo J. Cipolla

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