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Gracias
a Esteban Peicovich, Pedro Almodóvar, Marco Ferreri, Carlos Álvarez
Teijeiro, Eduardo Anguita, Jorge Edwards y Manuel Vicent, todos hombres
que me indujeron a pensar.
¿Por qué los hombres no pueden hablar con ellas? Siempre me pregunto por qué no podemos comunicarnos adecuadamente con un grupo de féminas como nuestra Argentina, nuestra Nación, nuestras instituciones, nuestras empresas, con sorpresa descubro que quizás la causa sea que las decisiones políticas en su mayoría son tomadas por hombres, quienes no saben hablar con ellas... Me encanta Almodóvar y su última película "Hable con ella" demuestra su genialidad, para los que no la vieron se las cuento: Es una historia sobre la amistad de dos hombres, sobre la soledad, y la larga convalecencia de las heridas provocadas por la pasión. Es también una película sobre la incomunicación de las parejas, y sobre la comunicación. Sobre el cine como tema de conversación. Sobre cómo los monólogos ante una persona silente pueden ser una forma eficaz de diálogo. Del silencio como "elocuencia del cuerpo", del cine como vehículo ideal en las relaciones de las personas, de cómo el cine contado en palabras detiene el tiempo y se instala en las vidas de quien lo cuenta y del que lo escucha. "Hable con ella" es una película sobre la alegría de narrar y sobre la palabra como arma para huir de la soledad, la enfermedad, la muerte y la locura. También es una película sobre la locura, ese tipo de locura tan cercana a la ternura y al sentido común que no se diferencia de la normalidad. Peicovich aborda el tema en la revista de La Nación, diciendo que salta a la vista y es el secreto mejor guardado del mundo aunque la naturaleza lo tiene claro y la cultura no, que para ser un hombre pleno se necesita tener dentro una mujer. La historia flaquea por exceso de hombre a secas, esto es, sin mujer puesta. En 1982, en un fugaz encuentro de Esteban Peicovich con Marco Ferreri (singular cineasta: El cochecito, La abeja reina, etc.) lo alertó sobre esta salvación de la especie de la que las Naciones Unidas jamás se ocuparon. Se discutía lo errático y demencial del curso histórico y cada especialista despachaba lo suyo. Ferreri pasó de largo y no abundó en teoría alguna. Se acarició la tonsura, se guardó para el último turno y despachó una tesis que dejó boquiabierto al resto: "Parole, parole... La crisis de la humanidad sólo tiene una salida. Y podría ser inmediata en todo el mundo. El hombre está perdido. La única solución... -graduó su pausa con tal timing que obligó a la cámara a ir del primer plano de su rostro al paneo de los otros fijados en el suyo-, la única solución es que cada hombre de la Tierra se tome de la mano de la mujer más próxima y se deje llevar por ella". Y, con brochazos sorprendentes, empezó a diseñar la humanidad que resultaría de esta renuncia masculina unísona y mundial. Le respondieron con risas. Ferreri los miró desde su lejanía, movió su cabeza de bulldog desactivado y comentó: "Mientras esto se siga tomando como chiste, la historia humana continuará siendo una aventura de imbéciles". Álvarez Teijeiro en la última ab News nos dice: "Pues provocar, en el fondo, no es sino el pro-vocare de los latinos, "llamar hacia delante", abrir un futuro obturado. Y en una crisis, las verdaderas pro-vocaciones merecen elogios. Pero sólo las verdaderas pro-vocaciones. Porque -comunicativa y filosóficamente hablando- una cosa es la crisis, y otra el colapso. Una cosa es la pro-vocación, y otra el escándalo". Mi provocación apunta a quienes comandan los destinos de nuestra Nación y de nuestras Empresas a que dejen el espacio entre la depresión y la tendencia autodestructiva, sumamente peligrosa porque se articula con la desesperación, y que adopten el bellísimo desafío de parir: sentimientos, ideas, visiones, proyectos, estrategias, planes y acciones que sirvan de ejemplaridad para que como sociedad funcionemos de otra manera: con monólogos ante un estado silente como una forma eficaz de diálogo desde la acción generadora. Me sumo a la sugerencia de Peicovich de tomar la mano de la silenciada mujer interior y proseguir el viaje no mutilado, sino pleno, como lo hizo Ulises. ¿O acaso no fue una mujer, la hechicera Circe, quién lo previno del acoso y la seducción de las sirenas? |
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