ABNews N° 4 / Diciembre 2002
EDITORIAL

Elogio de la provocación

“Deje ya de frecuentar el pasado,
frecuente el futuro”

Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira

Que sí. Que sí. Que sí. Que la crisis institucional adjudicada a los poderes públicos, y al sindicalismo, y a los medios de comunicación, también debe predicarse de la empresa. Pero no de ésta o aquella empresa, como si Enron en Estados Unidos o los bancos en la Argentina fuesen el problema, y no el síntoma del problema. El problema, diría mi abuela, “es mucho más gordo”. Gordísimo.

En efecto, si una ‘institución’ puede definirse como un conjunto de normas y de valores en los que se fundamentan una serie de expectativas públicas compartidas, y tales normas y valores han sido desintegrados, pulverizados..., no parece apresurado concluir que tampoco existan ya ni la confianza que otorgamos a las instituciones, ni la previsibilidad que les atribuimos en algún momento no tan lejano. Ahora bien, volatilizadas la confianza y la previsibilidad, el escenario al que asistimos bien merece ser descrito con alguna intuición filosófica, y de las más hondas: “estamos fritos”.

En rigor, no es que “estemos fritos” por la crisis institucional –que sí, que sí, que sí, que también afecta a la empresa. “Estamos fritos” por las formas concretas en virtud de las cuales tratan las instituciones –también la empresa- de reconstruir normas y valores en el espacio público, aspirando de ese modo a regenerar tanto las expectativas públicas compartidas como la confianza y la previsibilidad que se fundamentan en ellas.

Si de lo que se trata es de reinstitucionalizar a la empresa, lo que significa reinstitucionalizar a una institución fundamental del mundo contemporáneo, pero que es percibida como defraudadora de la confianza pública en sus normas y valores declamados, caben –al menos- dos salidas a este laberinto. Una, la salida reactiva, consiste en recrear la confianza pública en esos valores y normas traicionados. Otra, la salida proactiva, exige aceptar que –aun habiendo traicionado, lo cual no puede negarse- muchos de esos valores y normas han dejado de ser funcionales para el nuevo papel que la institución empresarial está llamada a desempeñar en una democracia.

La opción a favor de la primera de las salidas –la vía reactiva- es la que parecen haber elegido la mayor parte de las instituciones cuestionadas (...y sí, también la empresa). Tal salida posee una estrategia de comunicación complementaria, caracterizada por un discurso esencialmente reivindicativo de las acciones del pasado, que son justamente las que propiciaron la crisis institucional: “Esto fue lo que hicimos bien; esto fue lo que quisimos hacer bien, pero no nos dejaron; y esto fue lo que nos obligaron a hacer mal”.

Por el contrario, la vía proactiva debiera instaurar un discurso radicalmente distinto, un discurso provocativo y no reivindicativo: “Esto fue lo que hicimos mal, y –al menos ahora, viendo sus consecuencias- lo lamentamos mucho. Esto fue lo que quisimos hacer bien, y no nos salió como esperábamos. Y esto, habiendo aprendido, es el compromiso público de cómo queremos hacer las cosas en el futuro”.

Mientras que el discurso reivindicativo gira en torno a un pasado que sólo la inercia de las instituciones en crisis anhela recuperar, el discurso provocativo apela a un futuro que todos desearían compartir de manera entusiasta. Ahora bien, dicho por Hannah Arendt o por Les Luthiers, sólo hay un modo de abrirse al futuro librándose de las consecuencias del pasado: pedir perdón, y hacerse cargo. Pedir perdón, y hacerse cargo.

El tiempo pasa, pero el mero pasar del tiempo no deja otro rédito –existencial e institucional- que el envejecimiento. Si las instituciones aspiran (que sí, también la empresa) a establecer un nuevo pacto con la sociedad, a no envejecer, bien podrían abundar en discursos genuinamente provocativos. Pues provocar, en el fondo, no es sino el pro-vocare de los latinos, “llamar hacia delante”, abrir un futuro obturado. Y en una crisis, las verdaderas pro-vocaciones merecen elogios. Pero sólo las verdaderas pro-vocaciones. Porque –comunicativa y filosóficamente hablando- una cosa es la crisis, y otra el colapso. Una cosa es la pro-vocación, y otra el escándalo.

Dr. Carlos Álvarez Teijeiro.

c_teijeiro@abcomunicaciones.net



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