EDITORIAL | por Natalia Hopkins
Nunca está de más recordar que gran parte de nuestra educación está focalizada en convertirnos en personas responsables, que den cuenta de sus actos y asuman las consecuencias que su accionar puede tener en los demás.
Más allá de la diferencia de criterios a la hora de pensar la responsabilidad social, sea adscribiendo a una definición conceptual postulada por un organismo internacional reconocido o desarrollando una visión propia, lo cierto es que una persona u organización es socialmente responsable cuando reconoce que los valores de respeto, defensa de los derechos y libertades de los demás y de las generaciones futuras son la guía de su conducta.
La responsabilidad social como modelo de gestión no puede sostenerse sin una actitud comprometida de los líderes de las organizaciones, y comprometerse significa perdurar y defender una idea más allá de las modas y de los intereses puntuales del momento.
Por eso, consideramos que es parte de nuestra responsabilidad ayudar a difundir las buenas prácticas en responsabilidad social y compartir información sobre el tema.
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